Francia, 1885
Es un velocípedo de tipo Michaux, pero con un sistema de tracción peculiar que lo convierte en un ejemplar único. En vez de impulsarse a pedales, esta equipado con dos rotores de pala en la parte delantera, que, gracias a una biela, reciben la fuerza generada por la rueda delantera cuando avanza y que con el viento y el pedaleo podrían hacer conseguir elevar la bicicleta.
La utilización de la fuerza del viento para automatizar ingenios es conocida desde tiempos remotos, como lo demuestran los barcos de vela (4.000 a. C.) o los molinos (siglo I d.C.). El afán humano por volar también és muy antiguo; inventores e ingenieros fantaseaban con aparatos capaces de volar o planear, pero no seria hasta el 1903 que se consiguió realizar el primer vuelo controlado, gracias a un avión impulsado por un motor con aspas.
En el mundo de los avances técnicos, es natural que las innovaciones salten de un campo a otro, y también hubo algunos tímidos e infructuosos intentos de vincular técnicamente el mundo de los velocípedos con la fuerza del aire.